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La Herencia Hispanomusulmana en el Gaucho Argentino

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La Herencia Hispanomusulmana en el Gaucho Argentino

مُساهمة من طرف د. جمال بن عمار الأحمر في الإثنين 17 فبراير 2014, 16:52

La Herencia
Hispanomusulmana
en el Gaucho 
Argentino


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[ltr]Del suelo y sus hombres[/ltr]
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[ltr]La tierra, el suelo, cada zona del planeta posee un color original, distintivo, una característica particular que la hace única e irrepetible. Este color, este matiz propio, es algo que le es dado, una concesión sagrada que desde los albores mismos de la creación conlleva un significado determinado para sus hijos, retoños de la tierra, frutos del espíritu que la anima y que en ellos encuentra la feliz consumación.[/ltr]
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[ltr]La característica particular de cada tierra es como el código genético que se perpetuará en el interior de sus vástagos, la herencia que convertida en responsabilidad para los hombres del suelo se transformará en rumores de tradición, en canto de pueblo, alas con que el espíritu de la raza remontará el grácil vuelo hacia su trascendencia.[/ltr]
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[ltr]Sólo los hombres con el profundo sentir de la tierra, con el apego primario al suelo que ha gestionado su aparición desde un pasado inmemorial pero siempre presente en el latir de la sangre, su ser en el mundo, sólo esos hombres que guardan la honda consciencia de lo que crece por dentro, pueden convertirse y ser los poderosos elementos que hacen de la patria una epifanía del más elevado Arte, expresión acabada de la sabiduría divina y su belleza intemporal.[/ltr]
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[ltr]Introducción: La Importancia del Gaucho[/ltr]
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[ltr]Antes de comenzar nuestra exposición queremos brevemente aludir a la importancia que tiene lo gauchesco en la configuración de lo que se ha dado en llamar nuestro 'ser nacional', para luego así derivar de ello la gran influencia que tuvo en su emergencia los elementos de origen hispanomusulmán que expondremos más adelante.[/ltr]
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[ltr]En gran medida el gaucho -o lo gauchesco-, como representante de nuestro ser nacional surge a raíz de la reivindicación del poema 'Martín Fierro' escrito en dos partes por don José Hernández entre los años 1872 y 1879.[/ltr]
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[ltr]El origen de esta vindicación como reacción tradicionalista frente a la ola foránea llegada con la inmigración que amenazaba desintegrar el espíritu propiamente argentino puede rastrearse hacia el año 1913, momento en que el escritor argentino Leopoldo Lugones pronuncia una serie de conferencias en el Teatro Odeón de Buenos Aires que unos años después serán recogidas en la obra literaria llamada 'El Payador'. En ellas Lugones desarrolla un análisis de la figura emblemática del trovador de la pampa para seguirlo de otro sobre el poema de Hernández, calificándolo como 'el libro nacional de los argentinos', reconociendo al gaucho su calidad de genuino representante del país, emblema de la argentinidad. En tanto que el poema, para el escritor y periodista Ricardo Rojas, otro de sus grandes reivindicadores, representaba el clásico argentino por antonomasia.[/ltr]
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[ltr]Criado en las faenas camperas, lo que naturalmente lo llevó a involucrarse con gauchos desde niño, José Hernández al comienzo del poema presenta a Martín Fierro como el prototipo del gaucho: se presenta como cantor, hombre independiente, laborioso, pacífico, valiente, conocedor del campo y sus actividades, y, ante todo, libre. En la cultura de nuestro país se ha llegado a similar de tal modo lo gauchesco a José Hernández que el Día de la Tradición se celebra el 10 de noviembre, fecha de nacimiento del poeta, y el Día del Gaucho el 6 de diciembre, fecha de la aparición de la primera parte del poema.[/ltr]
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[ltr]Sin embargo, si bien la obra de Hernández supone un hito fundamental en la instauración de lo gauchesco como sinónimo de argentinidad, encontramos que el gaucho como entidad real ha sido un personaje clave en la historia argentina y en nuestra constitución tanto social como cultural en cuanto a nación tradicionalmente definida en el mundo. Parafraseando al citado Lugones:[/ltr]
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[ltr]Gauchos fueron, efectivamente, los soldados de los ejércitos libertadores; siendo natural, entonces, que el contacto durante esa guerra de diez años, determinara aquellas tendencias políticas tan peculiares de la sucesiva contienda civil, e influyera sobre la clase superior investida con el mando. Dicha guerra, dada la acción preponderante de la caballería en las batallas y de la montonera en las resistencias locales, resultaba, por cierto, una empresa gaucha (…)[/ltr]
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[ltr]Entonces hallamos que todo cuanto es origen propiamente nacional, viene de él. La guerra de la independencia que nos emancipó; la guerra civil que nos constituyó; la guerra con los indios que suprimió la barbarie en la totalidad del territorio; la fuente de nuestra literatura; las prendas y defectos fundamentales de nuestro carácter; las instituciones más peculiares, como el caudillaje, fundamento de la federación, y la estancia que ha civilizado el desierto: en todo destacase como tipo. Durante el momento más solemne de nuestra historia, la salvación de la libertad fue una obra gaucha. La Revolución estaba vencida en toda la América. Solo una comarca resistía aún, Salta la heroica. Y era la guerra gaucha la que mantenía prendido entre sus montañas aquel último fuego. Bajo su seguro pasó San Martín los Andes, y el Congreso de Tucumán, verdadera retaguardia en contacto, pudo lanzar ante el mundo la declaración de la independencia.[/ltr]
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[ltr]Sin embargo, aquí pondremos énfasis en el aspecto netamente cultural de lo gauchesco y en la incidencia que en ello han tenido elementos de origen hispanomusulmán.[/ltr]
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[ltr]En apoyo a nuestro estudio citaremos un versículo del Sagrado Qur'an que hemos tomado como expresión fundamental para desarrollar nuestra exposición. Dice Dios Todopoderoso:[/ltr]
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[ltr]"¡Oh humanidad! Os hemos creado a partir de un varón y de una mujer y os hemos hecho pueblos y tribus distintos para que os reconocierais mutuamente" (49:13)[/ltr]
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[ltr]Es decir, la diferencia, como seña distintiva entre pueblos y razas, tiene que redundar en culturas únicas dispuestas al mutuo reconocimiento, aprendizaje y enriquecimiento que sea favorable al crecimiento de cada una en su nivel específico. Toda cultura, por norma divina, ha sido forjadora de una identidad tradicional particular con la que se reconoce y es reconocida por las demás. Llamamos identidad tradicional al conjunto de rasgos culturales que definen a un grupo étnico entre otros. Consideramos que una homogenización cultural global supone un grave escollo para el desarrollo humano. Por esto que redescubrir nuestras raíces culturales nos facilitará el tránsito por este mundo siendo partícipes conscientes de la sabiduría que Dios ha plasmado en cada manifestación de Su creación.[/ltr]
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[ltr]Ahora bien, ¿qué consideramos como cultura? En nuestro criterio cultura es todo aquello que el espíritu humano puede llegar a producir y manifestar sanamente como pautas de desarrollo interior según las determinaciones étnicas y vernáculas de su ser en el mundo. Si bien el producto de nuestra cultura es genuinamente argentino, reconocemos en él la influencia indeleble de un trasfondo islámico que ha dejado su impronta original para que desde ella surgiese un retoño único y singular.[/ltr]
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[ltr]Y es que ante todo el Islam no sólo ha sido –y es- una gran religión sino que también ha sido un maravilloso torrente generador de cultura. Y hacemos hincapié en lo cultural ya que lo consideramos un poderoso elemento civilizador e identitario, y el Islam ha sido el encargado de establecer la base tradicional para que en numerosas regiones del mundo florecieran culturas excepcionales que han dejado una impronta inmensa en la historia de la humanidad, incluido nuestro país y toda Sudamérica.[/ltr]
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[ltr]Ahora bien, los responsables directos de la emergencia del gaucho como nativo de esta tierra han sido los moriscos, antepasados de origen andaluz que llegaron a los márgenes del Río de la Plata en los barcos colonizadores españoles y que cargaban consigo el acervo espiritual de ocho siglos de Islam en la Península Ibérica.[/ltr]
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[ltr]Para comprender un poco más en profundidad el asunto nos remitiremos a una breve reseña histórica.[/ltr]
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[ltr]I.  Un Acercamiento al Islam[/ltr]
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[ltr]El Islam 'resurge' (y empleamos este término ya que como doctrina religiosa no viene a conculcar novedad alguna ni a suplantar doctrinas anteriores, sino a continuarlas y acabarlas -en cuanto a darles perfección-) en la Península Arábiga por el año 610 e.c. con la prédica del Profeta Muhammad (que Dios le conceda paz), enseñanza que se haya contenida en el Sagrado Qur'an (revelación de la Palabra de Dios a los hombres de toda época y lugar) y en los nobles hadices (dichos, sentencias y actos del Profeta Muhammad que complementan y explicitan la enseñanza coránica).[/ltr]
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[ltr]Básicamente el Islam es un sistema de vida que contempla todos los aspectos de la criatura humana (tanto individuales como comunitarios, abarcando tanto las formas rituales como los asuntos legales), sistema centrado en el monoteísmo de tradición abrahámica en el que se reconoce una única Divinidad (Dios, Allah) cuya Voluntad se ha manifestado mediante una cadena de mensajeros (entre ellos Noé, Abraham, Moisés y Jesús, que la paz sea con ellos) que culmina con el Profeta Muhammad como sello de la Profecía hasta el final de los tiempos. De hecho 'Islam' ha sido la prédica de todos los enviados de Dios, ya que a diferencia del Judaísmo (que alude a Judá) y al Cristianismo (que alude a Cristo), por sólo citar dos ejemplos conocidos, su nombre no hace referencia a mensajero alguno, sino a la esencia misma del mensaje que todos han transmitido. Islam es un vocablo árabe proveniente de la raíz s-l-m, que deriva del verbo 'aslama' que significa 'aceptar, rendirse o someterse'. Islam entonces representa la aceptación y el completo sometimiento a Dios, a Su Voluntad transmitida por boca de Sus mensajeros. La raíz de que deriva este vocablo cubre un amplio campo semántico en el que se encuentran significados como 'bienestar, salvaguarda, salud y paz'. De aquí provienen 'salim', sano, y 'salam', paz, términos indisolublemente relacionados con el sentido esencial de Islam. Así es que 'Islam' es un atributo impersonal, y quien lo posee es 'Musulmán'. En el reconocimiento de Dios y de Sus Mensajeros, y en la sumisión y aceptación a Su voluntad, el ser humano se vuelve física y espiritualmente saludable, logrando así la paz. Esta es la característica de un buen Musulmán.[/ltr]
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[ltr]En líneas generales, el Islam ordena la equidad, la justicia, la virtud y el respeto en el marco del servicio al Dios único. Se puede decir que en su tiempo, el Profeta Muhammad fue un caudillo carismático, con un implacable poder de atracción, que movilizó a la gran masa de desheredados, pobres, oprimidos y esclavos haciendo caer el sistema tiránico que acaudalados oligarcas tribales habían construido e impuesto sobre el comercio, los negociados y la interesada idolatría, para construir un Estado cuyos pilares fueron la fe, la verdad, la justicia y la libertad. Si bien hubo personas notables (aunque humildes y desinteresadas) en su círculo íntimo, la gran mayoría de sus seguidores eran esclavos a los que devolvió la libertad, pobres a los que hizo partícipes de sus derechos elementales como seres humanos y analfabetos a los que enseñó la ciencia de la auténtica humanidad.[/ltr]
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[ltr]La poderosa influencia cultural y espiritual del Islam se extendería de tal manera que llegaría a China por un lado y África por el otro, y Europa Central por un lado y todo Medio Oriente por el otro.[/ltr]
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[ltr]II. Mudéjares, Moriscos y Aborígenes: Breve repaso de una Mestización[/ltr]
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[ltr]La Tradición Islámica ingresa en la península Ibérica en al año 711 de la mano de Táriq ibn Ziyad, general amazigh del por entonces gobernador del Califato Omeya en el norte de África, Musa ibn Nusair. Los gobernadores del Califato Omeya eran de origen árabe, quienes, partiendo desde Arabia se asentaron en Damasco (capital del califato en la actual Siria) para luego gobernar sobre el norte de África. En aquel entonces el norte de África estaba habitado por diversas etnias Imazighen (también llamadas 'bereberes') como los Cabileños, Chleuh, Tuaregs, etc. Imazighen (en singular 'amazigh') quiere decir 'hombres libres', como se llaman a sí mismos, denominación común en Marruecos y Argelia. Se dice que tal vez uno de los logros más importantes del Islam fue la aceptación que estos pueblos (reaccionarios, impermeables a cultura ajena, libres y aferrados a costumbres ancestrales vinculadas al nomadismo) hicieron voluntariamente del mismo. Y es que el Islam no se opone para nada (nunca lo ha hecho) a las tradiciones y culturas autóctonas (siempre y cuando no contradigan abiertamente la creencia), sino que las refuerza, las mejora y les da un matiz propio. Así podemos encontrar culturas islámicas autóctonas, diferentes entre sí pero unidas por un nexo en común, alrededor de todo el mundo.[/ltr]
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[ltr]Es importante destacar que la Tradición Islámica entra en Iberia a través de una mayoría de Musulmanes Imazighen (bereberes), en tanto que los árabes constituían una exigua minoría; allí se vinculan con visigodos e ibero-romanos, dando a luz la estirpe andalusí. La islamización de la Península fue muy rápida hasta constituirse el Emirato de Córdoba (luego Califato), cuya dinastía gobernó al-Ándalus hasta el año 1031.[/ltr]
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[ltr]A partir de entonces el gobierno irá pasando por diversas dinastías islámicas (almorávides, reinos de taifas, almohades) forjando una cultura única en la que florecieron tanto las artes como las ciencias y la espiritualidad.[/ltr]
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[ltr]Sin embargo (y es ley de la Divina Providencia que esto ocurra) a mediados del siglo XIII, al-Andaluz quedó reducido al reino nazarí de Granada. El último rey de la dinastía nazarí fue Boabdill. Su derrota en 1492 por los Reyes Católicos puso fin a lo que dieron en llamar 'Reconquista'. Ocho siglos de Islam, no obstante, dejaban su impronta indeleble en la Península Ibérica y en su historia posterior.[/ltr]
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[ltr]A los musulmanes que permanecieron viviendo en territorio conquistado por los cristianos, y bajo su control político, se los llamó Mudéjares, término que deriva de la palabra árabe 'Mudayyan' que significa 'doméstico' o 'domesticado'.[/ltr]
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[ltr]Tras la rebelión mudéjar del barrio de Albaicín en 1501, en febrero de 1502 se emite una pragmática de los Reyes Católicos en la que se obligaba a los musulmanes a convertirse al cristianismo. El responsable de esta medida fue el Inquisidor General cardenal Cisneros, el mismo que en diciembre de 1499 hizo quemar en Granada las librerías de los musulmanes: más de ochenta mil manuscritos de la España islámica se perdieron para siempre en el afán inquisidor de borrar la identidad del Islam.[/ltr]
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[ltr]A partir de estas conversiones forzadas, los mudéjares pasaron a ser denominados 'moriscos'. Si bien fueron perseguidos y hostigados por una férrea inquisición, estos moriscos conservaron pautas y costumbres del acervo islámico.[/ltr]
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[ltr]Tras una fracasada rebelión en 1568, la nobleza de España, cegada por un furor racista, presionó al Rey Felipe III para que procediera a la expulsión masiva de los moriscos. Esta se llevó a cabo entre 1609 y 1614. Los moriscos entonces se asentaron en el Norte de África. Algunos se quedaron en España y Portugal, fingiendo ser cristianos nuevos o gitanos, pero permaneciendo fieles a la fe islámica. El resto emigró a América en similares condiciones de clandestinidad.[/ltr]
[ltr]En un temprano principio de su llegada a América, los españoles cristianos traían moros y/o moriscos que llevaban prisioneros después de la reconquista cristiana, para incorporarlos por la fuerza al ejército español en América. Luego se sumaban mercenarios andaluces que preferían escapar de la inquisición (por acuciantes problemas de subsistencia) y de aquel infierno que los devoraba, y aventurarse en América como soldados rasos, para luego, si se presentaba la oportunidad, escapar a la libertad en los desiertos pampeanos (esto último potenciado por el abuso militar). Miles y miles de moriscos de España escapaban hacia América por causa de la inquisición, y poco a poco se fueron mezclando con los criollos y los nativos aborígenes (existen registros históricos que exponen la mestización entre españoles andaluces –moriscos- y nativas guaraníes).[/ltr]
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[ltr]Por ejemplo, el tradicionalista y jurisconsulto argentino Carlos Molina Massey (1884-1964), que ha estudiado el origen del gaucho, se pregunta: «¿De dónde vino el gaucho? Nuestra capital cosmopolita se fundó con setenta familias guaraníes, traídas de la Asunción por Juan de Garay. Otras familias querandíes se le fueron incorporando. En 1671 recibió la ciudad un contingente de doscientas y pico de familias "calchaquíes" de la tribu de los "Quilmes". De esas cruzas indo-españolas salieron los primeros gauchos de las pampas de Buenos Aires y análogo origen tuvieron sus hermanos del continente. Los ocho siglos de conquista mora habían puesto su sello racial característico en la población íbera: el ochenta por ciento de la población peninsular llegada a nuestras playas traía sangre mora. El gaucho fue por eso como un avatar, como una reencarnación del alma de la morería fundiéndose con el alma aborigen en el gran ambiente libertario de América».[/ltr]
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[ltr]Es importante destacar que desde 1585 hasta 1609 aproximadamente, ingresó a Brasil desde Portugal una enorme cantidad de moriscos que huían de la inquisición en barcos que eludían los controles. Posteriormente desde Brasil ingresaron al territorio de la actual Argentina, a causa de ser expulsados por la misma inquisición por sospechar de que eran musulmanes falsamente cristianos.[/ltr]
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[ltr]Los moriscos que vinieron a América llegaron huyendo del estigma doloroso impuesto por las persecuciones de la inquisición. Aquí forjaron culturas ecuestres: la de los gauchos (Argentina, Uruguay y Brasil), huasos (Chile), llaneros (Colombia y Venezuela), chagras (Ecuador) y qorilazos(Perú), con múltiples influencias en la música, costumbres y estilos, desde el folclore argentino a la escuela tapatía mexicana. Estas simbolizaron su fe, su tradición y sus tremendas ansias de independencia y libertad. También construyeron iglesias, catedrales y residencias mudéjares de gran belleza (el mal llamado “arte colonial español” supone la presencia preponderante del arte islámico-mudéjar forjado por los moriscos).[/ltr]
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[ltr]Junto a los criollos surgidos de la mestización antes expuesta, los primeros gauchos fueron soldados andaluces que desertaron del ejército español y huyeron al desierto pampeano. Por esta razón fueron perseguidos por las autoridades mediante el ejército, y esto ocurrió durante toda la colonización española. Cuenta la leyenda que el primer gaucho fue un soldado raso andaluz llamado Alejo Godoy en el año 1586. Después continuaron desertando miles de soldados andaluces a causa de injusticias, malos tratos, mal pagados, etc. A partir de la zona pampeana posteriormente se extendieron por gran parte del país. Por esto es que la mayoría escapaba al registro de los censos y aún al servicio militar hasta fines del siglo XIX.[/ltr]
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[ltr]El escritor argentino de origen árabe,  lbrahim H. Hallar (1915-1979), escribe lo siguiente:[/ltr]
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[ltr]En 1580, don Juan de Garay sale de Asunción con sesenta soldados, algunos oficiales y mujeres guaraníes. Estas llevan ya sus hijos nativos, producto de uniones con el conquistador hispano. (…) Anotemos que vasconios y asturios, encomenderos por las Leyes de Indias, no podían contaminar su casta; sólo podía hacerlo el soldado libre, raso; el andaluz morisco, a quien le fue permitido uniones con veinte, treinta y hasta con cuarenta mujeres indígenas. El contingente, que señaláramos precedentemente, acampa el 11 de junio en el mismo lugar abandonado por don Pedro de Mendoza. Y aquí cuenta la leyenda que seis años después (1586) uno de aquellos soldados rasos, que venía con el vasco Garay se quejó en misiva al monarca de todas las Españas, de la podredumbre en que vivían. Apercibido y fuertemente reprimido por el Veedor del Rey, hizo trueque de su morada al precio de un caballo blanco y una guitarra; y montando en el brioso corcel, se acercó a la plazuela Mayor y única, y al tiempo que clavaba sus espuelas en el noble animal, exclamó con todas sus fuerzas: ¡¡Muera Felipe II!! (...) y, caballo, jinete y guitarra rumbearon hacia la pampa distante —cuenta el cronista— unos cientos de metros más allá. Y así nació el primer gaucho, el primer rebelde que la historia o tradición conoce por el nombre de Alejo Godoy’.(I.H.Hallar, El Gaucho. Su originalidad arábiga, Edición del autor, Buenos Aires, 1963, págs. 5-6).[/ltr]
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[ltr]El Tradicionalista Carlos Alberto Del Pin, director de la Revista Identidad, nos cuenta acerca del origen morisco del gaucho:[/ltr]
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[ltr]El Rey de España insistía en que los Cabildantes expulsaran a los Moriscos, pero eso nunca pudo concretarse. Por eso se explica el tipo de vida seminómada del gaucho que siempre andaba a caballo de acá para allá, cambiando continuamente de lugar, y se lo acusaba de vago, bárbaro, incivilizado, etc. Era absolutamente necesario ese tipo de vida, para evitar ser aprehendido por los militares. Aparte de esa causa, téngase en cuenta también el origen árabe nómade de sus ancestros que vivían en el desierto del norte de África. De manera que había además una tendencia innata. No les costó mucho adaptarse a esa situación. Por eso se explica que siempre las autoridades fueron persecutorias del gaucho, desde un principio, y aun después de la independencia Argentina, aunque en ese entonces se sumaron a la persecución de carácter social, las persecuciones de carácter político y hasta cultural, interviniendo además, la prolongada guerra civil entre Unitarios y Federales, con sus consecuencias. Originalmente, en el Río de la Plata, los Moriscos encontraron un cierto alivio a las persecuciones y torturas, pero seguían fingiendo ser cristianos y ocultaban en lo posible su Identidad (Musulmana) en muchos aspectos, para evitar esas barbaridades por parte de los que se decían Cristianos y “civilizados”. En la península Ibérica los Cristianos les hacían la vida imposible, en todo sentido. Imposiciones religiosas cristianas por la fuerza, imposiciones culturales, de usos y costumbres, les despreciaban hasta sus comidas típicas, gustos, juegos y diversiones. Querían hacerles un cambio de mentalidad total. Los Moriscos muchas veces agachaban la cabeza ante imposiciones de los Cristianos, pero algunos eran frontales y entonces sufrían las penurias consecuentes.[/ltr]
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[ltr]Mucho después de la independencia Argentina, se fue tergiversando -intencionalmente unos y por ignorancia otros- esa realidad que está bien documentada en nuestra historia, como para sepultar todo vestigio Morisco en nuestro gaucho y en nuestra población criolla en general, seguramente por un fanatismo religioso incomprensible de aquella época, y comenzó en cierto momento a rodarse la idea del origen exclusivo y directo del gaucho, del Español Cristiano (generalmente Gallego y Vasco) mestizado con el Aborigen, ignorando totalmente al Morisco, porque éste fue perseguido por la inquisición, y se quiso ocultar todo. (Revista Identidad Nacional y Cultura Gaucha)[/ltr]
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[ltr]Este proceso persecutorio trajo aparejado el hecho incuestionable de que la influencia hispanomusulmana que los moriscos transfirieron a su vástago americano fuese no tanto dogmática sino más bien vivencial, plasmada en señales distintivas que van desde la vestimenta y la monta caballar hasta la música y el refranero picaresco y sapiencial de sus dichos y payadas.[/ltr]
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[ltr]Eduardo Mansilla de García, en el libro titulado “Lucía Miranda”, narra el siguiente episodio que nos resulta altamente significativo: “Gaboto, zarpa del puerto de Cádiz, España, con una flotilla de tres buques y 200 personas. A cargo de una de las naves va el 2º Oficial Sebastián Hurtado con su esposa, Lucía Miranda, morisca, natural de Murcia, España, su padre y cinco familias amigas. En mayo de 1526 navegaron el Río Paraná, y a la altura de lo que los aborígenes Timbúes denominan Carcarañá, desembarcan y levantan el Fuerte Sancti Spiritu, quedando a cargo de Hurtado y 76 hombres. Gaboto prosigue la navegación. No pocos componentes de la tripulación eran Españoles de origen musulmán”.[/ltr]
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[ltr]El primero en ver a los Moriscos a caballo en la pampa y denunciar su presencia en nuestro país, fue Hernandarias, primer Gobernador del Río de la Plata (hasta 1618), quien escribe al Rey de España en 1617, diciendo que encontró muchos Moriscos (les decían “gente perdida”), que tienen su sustento en el campo, dedicados a las vaquerías (caza de vacas), “tendiendo a ser chácaras” (Hernandarias vivió entre 1564 y 1634 aproximadamente). Diego de Góngora, Gobernador del Río de La Plata que sucedió a Hernandarias, presentaba sus quejas al Rey de España, alertando “que se multiplicaban los Moriscos en la pampa, con el constante aporte de náufragos, desertores del ejército, aparte de los que venían en barcos clandestinos que los traían cobrando una cierta cantidad de dinero”. A los Moriscos les decían en esa época, “Maturrangos” (y a los Judíos, “Matuchos”). Durante el reinado de Felipe III de España fueron expulsados, entre 1609 y 1614, mucho más de 500.000 Moriscos dese país. Muchos huyeron a Marruecos, pero muchos aparecieron en ambas márgenes del Río de la Plata, para iniciar una nueva vida. Después de 1614, durante toda la colonización hispánica, siguió la afluencia de miles de Moriscos en el Río de La Plata. Ahora bien, si llegaron moriscos al Río de la Plata y dejaron pautas culturales que arraigaron, es porque lo hicieron en cantidad significativa.[/ltr]
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[ltr]Numerosos autores clásicos y contemporáneos de la Argentina han hablado del gaucho como un avatar de lo árabe trasplantado a la pampa de nuestro país austral.[/ltr]
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[ltr]El primer gran teórico sobre los orígenes hispanomusulmanes del gaucho fue el jurisconsulto, escritor y periodista Federico Tobal (1840-1898), quien dice: "El traje del gaucho no es más que una degeneración del traje del árabe y aún los dos hombres se confunden al primer aspecto. El chiripá, el poncho, la chaqueta, el tirador, el pañuelo en la cabeza y bajo el sombrero, no son más que modificaciones de las piezas del vestido árabe, pero modificaciones ligeras y que no constituyen un traje aparte como el nuestro europeo. El habitante de nuestra campaña no ha creado este traje como vulgarmente se afirma, fundándose en que está indicado por el medio en que vive. Él lo ha recibido de sus mayores que lo crearon precisamente por la razón indicada y lo conserva con la adhesión apasionada que inspiran los hábitos heredados. Y hace bien en conservarlo, porque es bello, como hacen mal los que predican su supresión como 'si el hábito hiciera al monje' y como si la civilización estuviese en las tijeras del sastre francés o inglés. Ese traje era el que llevaba Avicena y Averroes y el que vistieron califas eminentes, y Sófocles y Virgilio, cuyos bustos veneramos en nuestros gabinetes y cuyas obras admiramos, jamás conocieron más que la toga y la clámide (...) Todo en el gaucho es oriental y árabe: su casa, su alimento, su traje, sus pasiones, sus vicios y virtudes y aún sus creencias. (...) Interminable sería agotar esta tesis. Las cosas, los hechos y los accidentes de relación que constatan el origen se ofrecen por doquiera. La semejanza es tan viva que basta la más ligera atención para percibirla. (...) Por mayor que sea la indolencia en que haya caído el gaucho, carecerá de árboles o de huerto su hogar, pero no carecerá del pozo que es la cisterna (jagüel o aljibe) para las frecuentes abluciones, alta necesidad de sus costumbres que se nota especialmente entre los pueblos paraguayo y correntino y que no es ciertamente de origen indio" (F. Tobal: 'Los libros de Eduardo Gutiérrez: El gaucho y el árabe', notas en el diario La Nación de Buenos Aires los días 16, 23 y 28 de febrero y el 2 y el 4 de marzo de 1886).[/ltr]
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[ltr]El poeta e investigador entrerriano Marcelino Román, en su obra ‘El Itinerario del Payador’, nos dice lo siguiente:[/ltr]
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[ltr]‘Unos ven en el gaucho un árabe, por su aspecto y por entender que la sangre morisca de los andaluces fue la que principalmente afluyó a las pampas con la conquista y la colonización hispánica (…).[/ltr]
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[ltr]A menudo los gauchos han sido comparados con los árabes. "Estos árabes sudamericanos", dice Mac Cann, después de observar a un grupo de conductores de carretas. "Tienen un sorprendente aspecto de árabes o de beduinos", expresa León Palliére.[/ltr]
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[ltr]Sarmiento también estableció semejanzas entre los gauchos y los árabes no solamente en sus rasgos fisonómicos, sino también en cuanto a los usos, las costumbres e inclinaciones. Para Mitre el gaucho era "una especie de árabe y cosaco", que poseía el fatalismo del primero. (…) Para Groussac él era "hermano del árabe nómada trasplantado a la pampa americana". Consideraciones análogas formuló Carlos Octavio Bunge.[/ltr]
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[ltr]Enrique Gómez Carrillo, fino cronista, curioso trotamundos, que visitó por primera vez la Argentina en 1914, vio también al gaucho "con cara y con alma de árabe". (…)[/ltr]
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[ltr]Los gauchos rioplatenses han sido parangonados con los llaneros de Venezuela. Y allá también aparece la tendencia que venimos señalando.[/ltr]
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[ltr]Al hablar de la gente da su tierra venezolana Rafael María Baralt, prestigioso escritor del siglo pasado, decía que las costumbres de los llaneros, "por una singularidad curiosa, eran y son aún tártaras y árabes más que americanas y europeas". Agregaba que "sus dichos, festivos siempre y en ocasiones profundamente epigramáticos, participan del gracejo y donaire natural de la risueña Andalucía".[/ltr]
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[ltr]Escritores de la época actual se expiden en parecidos términos. Vemos, pues, prevalecer la creencia de que en el hombre de los llanos de la América del Sur preponderan los rasgos procedentes de la herencia árabe trasmitidos a través de los andaluces y que por eso es un poeta intuitivo.’(El Itinerario del Payador, Cap.: ‘El Payador en el Cuadro Histórico, Social y Cultural’)[/ltr]
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[ltr]Carlos Octavio Bunge (1875-1918), en un discurso pronunciado en la Academia de Filosofía y Letras, en 1913, dice del gaucho:[/ltr]
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[ltr]"Por sus facciones correctas, sus sedosos cabellos y barba, y sobre todo por la gracia emoliente de sus mujeres, recordaba al árabe trasplantado a las orillas del Betis (es decir, a los andaluces)."[/ltr]
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[ltr]En 1850 Domingo F. Sarmiento inserta la siguiente nota a su ‘Facundo’: "No es fuera de propósito recordar aquí las semejanzas notables que presentan los argentinos con los árabes. En Argel, en Orán, en Mascara, y en los aduares del desierto, vi siempre a los árabes reunidos en cafés, por estarles prohibido el uso de licores, apiñados en derredor del canto de la vihuela a dúo, recitando canciones nacionales plañideras como nuestros tristes (estilo de canción gaucha). La rienda de los árabes es tejida de cuero y con azotera como las nuestras; el freno de que usamos es el freno árabe y muchas de nuestras costumbres revelan el contacto de nuestros padres con los moros de Andalucía. De las fisonomías no se hable: algunos árabes he conocido que juraría haberlos visto en mi país" (D.F. sarmiento: Facundo, Editorial Estrada, Buenos Aires, 1953, pág. 84).[/ltr]
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[ltr]El escritor, poeta y tradicionalista catamarqueño Luis L. Franco (1898-1988), en su libro ‘El otro Rosas’ señala lo siguiente: "La ascendencia de los jinetes del desierto arábigo o africano está presente en más de un detalle: el uso de riendas abiertas para sujetar el caballo si desmonta el jinete; el cabalgar derecho en la silla; el trepar sobre ella de un salto sin tocar el estribo mientras el caballo avanza. (...) El nuevo hombre ya no es español, por cierto. Por el lado de su sangre india le viene la aptitud para el dominio de la desaforada llanura, por el otro lado también: la sangre medio mora de España ha recobrado en la pampa su medio originario de desierto poblado de galopes. (...) El gaucho come carne y bebe mate amargo. Mate y carne de vaca (por eso asegura Lugones: 'El gaucho nunca fue alcoholista'. -El Payador, pág. 50). (...) El aduar árabe, la toldería pampa misma, significan, cada cual a su modo, una asociación efectiva (...) El gaucho no es propiamente un nómade, ni tampoco lo contrario; es más bien, si se quiere, un sedentario a caballo. Diríamos que nace a caballo, pues el niño es, a los cuatro años, un jinete delante de Dios... (...) Como en las tribus árabes, aquí el cantor es agente de sociabilidad, es decir, de cultura. Todo gaucho es músico, pero en las broncas coplas del payador, el corazón de los hijos del desierto balbucea el lenguaje confraternal de la poesía. (...) Desde luego, el gaucho no era un salvaje, pues, por raro que parezca, el admirable espíritu de la cortesía árabe-española (islámica), que la opresión político religiosa (de la inquisición) no pudo extinguir del todo en la Península, persistió en él" (L.L. Franco: El Otro Rosas, Editorial Schapire, Buenos Aires, 1968, págs. 79-108 y 125).[/ltr]
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[ltr]Otro gran expositor de la influencia morisca en nuestra cultura gauchesca ha sido el prolífico escritor Leopoldo Lugones que citaremos más adelante.[/ltr]
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[ltr]La asimilación de la árabe al gaucho no deja de ser una apreciación real, aunque sujeta a ciertas observaciones importantes: Por un lado es muy frecuente la asociación poco erudita y exclusiva de lo árabe con lo islámico. Si bien el Islam como tal fue revelado en Arabia, a un profeta árabe, en lengua árabe, no deja de ser una realidad no menos menor que el componente racial netamente árabe en el mundo islámico no representa más que el 10% de la población musulmana total. Por otro lado, mucho de lo que estos autores citan como marcas distintivas árabes en el gaucho se corresponden con atributos profundamente islámicos: hospitalidad, valentía, honestidad, prudencia, sabiduría de raigambre natural, modos vivenciales asociados al nomadismo, etc., atributos característicos que en el Islam gozan de una evidente universalidad por sobre toda consideración de índole étnica o racial. También se alude a lo árabe en el gaucho en cuanto a costumbres que, como dijimos, van desde la vestimenta hasta la manera de enjaezar al caballo. Estas cosas, sin embargo, son menos árabes que morisco-andaluzas, y el andaluz como tal constitutivamente recibe en gran medida un aporte étnico bereber correspondiente a las tribus del norte de África que ingresaron y poblaron la Península Ibérica llevando el Islam allá por el año 711 de la era cristiana, como ya hemos comentado. Por esto que consideramos acertado referir más una influencia marcadamente hispanomusulmana que propiamente árabe en nuestro representante autóctono. Y esto, justamente, es lo que debemos aprender a conocer y apreciar, ya que para nosotros, musulmanes argentinos, constituye una valiosa herencia tradicional que remite al glorioso pasado que Allah Todopoderoso manifestó mediante la apoteosis cultural y espiritual del Islam en Al-Ándalus.[/ltr]
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د. جمال بن عمار الأحمر
رئيس منظمة الشعب الأندلسي العالمية
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